Muchas gracias por acordarte de mí

Esta frase leída en varios de los muchos correos que recibí después del estreno es muy bonita. Un agradecimiento al recuerdo. ¡Pues cómo no me voy a acordar de ti! Acordarse de alguien, que alguien se acuerde de ti. 

Hice muchísimas llamadas cuando las entradas salieron a la venta. Era agosto. Pleno verano. Plenas vacaciones. Necesitaba nombrar en voz alta a todas las personas que me habéis acompañado en este camino. Las hice con urgencia, en una bella terraza que una buena amiga tiene en un valle precioso de los Pirineos. No fui de excursión aquel día porque me urgía. Me urgía que el llamado llegara veloz. Hola. ¿Eres tú? Que nadie se quede fuera, que nadie se quede fuera. 

La fragilidad de los recuerdos, como alas de mariposa, hace que a momentos sea imperativo hacerte saber que me acuerdo de ti. Un chequeo para cerciorar lo invisible de nuestra conexión. ¿Me ves? ¿Me escuchas? ¿Hay alguien ahí?

¡Sí!

Eso fue para mí el estreno. Un acto colectivo para cerciorar que estamos y que compartimos una historia que nos une, nos define y cuidamos. Aunque no hablemos mucho de ella. Aunque nos lo digamos poco. 

Pasar de sentir el vértigo de acantilado que provoca mostrar una película por primera vez a tener un montón de correos hablando de ella es un lapso gigante que transcurre en pocas horas. La no concordancia entre el tiempo real y el otro, entre cronos y kairós, a veces tiene un desfase de ondas alucinante. Parece casi un fenómeno meteorológico. ¡Mira mamá, un desfase fugaz! 

Hoy es 4 de octubre, el día siguiente del estreno. Por eso os escribo, para daros las gracias por venir ayer, 4 de setiembre, a la Filmoteca de Catalunya y catapultarme hacia los cielos con el desborde de emoción, gratitud y satisfacción que sentí. Os juro que por momentos sentí que habíamos ganado una batalla. 

En estas cuatro semanas que han pasado desde ayer hasta hoy he hecho un aprendizaje exprés básico de distribución. ¡Descomunal mundo este de la distribución cinematográfica! Un director de cine, cuyo nombre no recuerdo, dijo que hacer una película eran tres batallas (guión, rodaje, montaje). Díganle al tipo ese que se equivocó de arriba abajo, no son tres, son cuatro. La cuarta batalla me recuerda al cuarto poder, madre mía, un día tenemos que hablar seriamente de qué pasa con los “cuartos”. En todo caso, estos días he mirado el mundo desde mi balcón y me he dicho, caray, ¿cuando decimos “esto tiene que verlo todo el mundo”, a qué nos referimos? Mi mundo son 200 personas, más 200 que se quedaron fuera, porque no cabían y por cautela, el día del estreno. 

En seis años podéis imaginaros hasta qué punto me he hecho amiga de la lentitud. Para esta nueva etapa, dejadme contaros que estoy enfocadísima en mover “La cigüeña de Burgos” y como os dije, encontrar maneras creativas para que no solo sea una gira de estrenos, sino una construcción de espacios de palabra donde todas las historias sean escuchadas. Para ello hay que descifrar “quién es todo el mundo” y cómo se llega a él. Estos días he navegado por las redes sociales, carajo que veloces son las jodidas. Entonces me acuerdo del maravilloso libro “Desenterrar las palabras” de Clara Valverde, lo mejor que yo he leído estos años sobre transmisión generacional. Como no podía ser de otra manera para brillante libro sobre transmisión, ha ido llegando a “todo el mundo” saltando de conversación en conversación. De vez en cuando alguien me habla de él, y de vez en cuando yo le hablo a alguien de él. Así durante seis años. Y aún hoy, el libro se sigue colando en las conversaciones y vuelve por boca de alguien que vuelve a recomendarlo. ¿Cómo se nos puede olvidar tan a menudo que las redes sociales somos las personas contando cosas? Bendita lentitud. Para mi cigüeña yo quiero un vuelo larguísimo y constante, con un viento lentísimo, y que el tiempo, bendito tiempo, la lleve dónde tenga que llegar.

Me pongo manos a la obra. Por ahora con dos rumbos. El primero es que “La cigüeña de Burgos” se va de Festivales de cine con la ayuda de una mujer maravillosa que se dedica a ello. El segundo, en paralelo, es que estoy organizando próximos estrenos. Me los imagino como los de esos carteles de gira de conciertos. Pocos conciertos pero conciertazos. De los que conservas la entrada. Barcelona, Madrid, Donosti, Barcelona, Coruña, Burgos, Barcelona. Por decir algo. ¿Que no sería bonito? 

Luego más rumbos, pero eso será luego. Dicho esto, dejadme anotar un par o tres de cosas. La primera es que la Covid nos lo está poniendo jodido pero espero pronto pasaros ese cartel maravilloso como si de una gira de estrenos se tratase de aquí hasta la primavera. La segunda es que a algun@s mecenas os debo copia de la película, la Covid aconseja prudencia, pero en cuanto abran la veda prometo la tendréis. La tercera es que iré publicando las novedades con texto reposado en este blog, www.laciguenadeburgos.com, y posteando informaciones más concretas en el súper veloz Instagram (@joana.conill) y su amigo Facebook (Joana Conill). 

Si no me decís lo contrario, os mandaré correos para que os lleguen antes las novedades, a través de la lista de correos que voy engrosando con mecenas, amig@s y afines. Ahora bien, sentiros libres, en esta época de hiperinformación, por favor, para pedirme que os quite de esta lista de correos.    

Tal vez sí que es cierto que al final del camino empieza otro. Me doy cuenta que ahora sí, querid@s mecen@s, algo entre nosotr@s cambia. Una relación cercana e invisible que nos ha unido durante seis años. Y que de algún modo, ahora termina. Mecen@s lo guardo en mi corazón para nombrar algo muy íntimo que tuvimos y que me permitió llegar hasta aquí. Cuando os vi ahí en frente a tod@s, lucíais tan bonit@s, que pensé, mira, est@s son los 200 ángeles que me han acompañado estos seis años a tirar adelante. Y son reales, y existen. Del mismo modo que ayer dejé de ser la que hacía una película para pasar a ser la que la muestra, en adelante os llamaré amig@s.

Y para sellar este cambio, este final, este principio, os digo, como en esos tesoros de correos que me habéis mandado: 

Muchas gracias por acordarnos tod@s de tod@s.

Para terminar, permitidme que nos acordemos con un extra de cariño de Hilari Raguer, un hombre excepcional que me invitó a la abadía de Montserrat un día que nevó. Y que aparece en la película. Escucharlo fue comprender en lo profundo qué permite que una persona sirva la comida a una tropa de comensales franquistas un día de la Mercè, cuando era joven y se estrenaba como monje, en el comedor de Montserrat, y entre ellos a la persona que le hizo “interrogatoris molt durs”. Si algo comprendí de aquello no fue por sus palabras, sino por su expresión. Hay personas que de tan humanas emanan bondad. 

Hilari se ha ido, así que a él, recordadlo un poco más. Tenía que llamarle para contarle el estreno de ayer, pero esa llamada la quitaré de la lista. El resto, prometo seguir haciéndolas todas con paciencia y obstinación. 

Os quiero, 

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