De miedos silenciados y finales

Lo que da miedo no es encontrar, sino dejar de buscar. Es una de las frases que ha quedado fuera en el montaje final. Hay que dejar fuera muchas frases para que otras brillen, como ocurre en el bosque con los árboles. Pero esta ha decidido volver. Ahora es su momento. El final. Da miedo dejar de buscar, porque da miedo terminar. Miles de voces aterradoras invaden mi cabeza. ¿Valió la pena? Seguro que es malo. ¿Y si no le gusta a nadie? ¿Y todo esto para qué?

Lo que cuesta es creer en una misma. El resto es pan comido.

¿Por qué nadie habla de ello?

¿Por qué tanto silencio?

Yo quería hacer esta película para hablar de ello. Por eso la he hecho. Creo que si no escribo antes sobre ello será difícil dar el siguiente paso, mostrarla. Mostrarme.

¿Por qué es tan difícil creer en nosotr@s? ¿Por qué nunca vale la pena? ¿Por qué nunca es suficiente?

Cuando le conté a mi terapeuta que mi padre no había matado a Franco, me preguntó, ¿cómo sigue Franco vivo? Ahora que siento el miedo recorrer mis venas, creo que esa es la respuesta. Sigue vivo cada vez que no creemos en nosotras. Cada vez que no vale la pena. Que no es suficiente. Que es malo. Que has perdido el tiempo. Que no sirve para nada. Que no sirves para nada. Que no cambiarás esta mierda de mundo y que jamás ganarás el Nobel de las cosas importantes.

Miles de voces aterradoras invaden mi cabeza. Y no siempre el ejército de samuráis internos está de guardia. Me pregunto si es esto lo que les pasó a miles de hombres y mujeres. Y en concreto, me pregunto si es esto lo que le ocurrió a mi padre.

¿Por qué nadie habla de ello?

¿Valdrá la pena haber pensado que valía la pena hacerlo?

No quiero terminar este viaje sin desnudarme y hablar de estos miedos, que son los míos. Que son muy míos. Mis Francos particulares. Los comparto con la esperanza de que no sean sólo muy míos y de que hablar de ellos los haga ridículamente pequeños e inofensivos hasta el punto de que no maten a nadie y de que nos dejen vivir. Vivir.

Son los miedos que me han acompañado durante estos cinco años de dirección cinematográfica. Dejé de escribir posts en este blog cuando quise hablar de ellos y no me atreví. Hoy lo hago porque me lo debo. Y porque mi amiga del alma, Edurne, me ha regalado un trozo de su valentía como quien comparte el alimento. Hoy me desnudo convencida de que luchar contra ellos es lo que me impulsó a sentir que hacer una película era pan comido. Y aunque no tenga la certeza de que los he vencido, necesito sentir, por un momento, que sí lo he hecho. Por mí. Por ell@s. Por l@s que vendrán. Y por la vida que nos une a todas.

En setiembre empezaré con la postproducción de color y sonido. El próximo post será para anunciar vuestro estreno, mis querid@s mecenas, donde finalmente nos compartiremos de cuerpo presente (y de alma presente con las que se han ido en este tiempo).

Os pido una última cosa para coronar nuestro vínculo de mecenazgo, inspiración para que nada ni nadie detenga este vuelo, que es también vuestro, y que ahora toca celebrar con plumas y garras. Como quien defiende la vida.

Buen verano querid@s mecenas, os abrazo a tod@s y cada un@ de vosotr@s desde lo más profundo de mi corazón desnudo.

Joana cineasta

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